Carta a mi amigo Paco Cerro sobre mis compañeros gatunos
- apeveeditor
- 24 feb
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RAFAEL CORDERO AVILÉS
Hola Paco ,
Aquí te envío como te he comentado en nuestra conversación telefónica algunas fotografías que he seleccionado de mis gatos Babie que es la gata y que tiene alrededor de seis años y de su hijo Onyx que va a cumplir cuatro en abril y que nació en casa debajo de una cama, dos meses después de que Babie entrara una mañana de febrero de 2022 por la ventana del jardín trasero de casa y decidiera quedarse ya con nosotros ya que no consintió en volver a salir más hasta que su nuevo estatus quedó a su entender bien asentado y reconocido.

He de reconocerte que tras el fallecimiento de nuestra adorada gata Chispa en abril de 2019 que la víspera de su fallecimiento acudió uno por uno a nuestras camas a despedirse de nosotros con un gran abrazo de su menudo y cálido cuerpecito de pelo blanco y gris y que durante diecisiete años fue un estímulo constante y motivo de alegría para toda la familia.
Su desaparición física nos causó un sentimiento sincero y profundo de pérdida y dolor y personalmente, no entraba en mis planes volver a encadenar mi vida a otro nuevo huésped por dos motivos Por la excepcionalidad de mi experiencia con Chispa y por el inmenso hueco y dolor que nos dejó su marcha. Así que como suele decirse, querido amigo Paco, no estaba mucho por la labor. Pero está claro que el hombre propone y la vida dispone y sigue por sus propios y secretos caminos

Hasta que un día después de casi tras años, con el recuerdo perenne de nuestra gatita, la vida vino a recordarnos que sigue su curso inmutable cuando Babie, que así la bauticé, entró en casa por una ventana, estresada y casi en los huesos haciéndonos llegar su inequívoca llamada de socorro.
Apenas dos meses después y como yo ya sospechaba se produjo el alumbramiento de sus cachorros , aunque a decir de verdad en el primer momento de producirse el nacimiento, yo no interpreté muy bien sus constantes y desesperados llamados y entradas y salidas del salón al dormitorio y viceversa hasta que por fin me levanté y para mí sorpresa me guió hasta debajo de la cama más grande de la casa donde sobre una mullida superficie, ya había dado a luz al primero de los cachorros, apenas una pequeña bolita azabache que ella contemplaba con pasión y asombro a un tiempo. Era Ónyx.

En el parto que continuó en la clínica Veterinaria nacieron otros dos gatitos pero solo Ónyx al que familiarmente llamamos Onisito, logró sobrevivir.
Mi hermana enseñó a la inexperta pero devota mamá, cómo tenía que amamantar al impaciente cachorro cuyo pelaje lustroso y brillante de color negro azabache, le identificaba como un precioso ejemplar de Bombay y cuyos ojos en sus primeras semanas de vida eran azules.

Los jardines de la colonia fueron pronto explorados y conocidos para él bajo la atenta y vigilante mirada de su madre de una librea marrón con listas oscuras que miraba con preocupación sus evoluciones por entre las ramas de los árboles y bajo los coches aparcados junto a la acera.
Cuando hace dos años nos trasladamos a nuestra casa en el campo donde cuentan con un gran jardín cerrado con árboles y plantas donde desarrollar sus juegos yo estaba expectante por ver cuál sería su reacción ante el nuevo cambio que les permitió más libertad de movimientos en un entorno fuertemente natural en el que jilgueros y tórtolas residentes en gran pino que preside el jardín atraían su atención y sus instintos cazadores, adquiriendo Ónyx en poco tiempo una gran habilidad y maestría como cazador para nuestra desazón y disgusto. Ya que se presentaba en casa con las piezas que cazaba y las depositaba a la entrada como regalo a sus preceptores humanos.

Para nuestra desesperación cada vez traía piezas más grandes que además escondía en los puntos más inverosímiles de la casa. Así a duras penas en una ocasión pudimos rescatar de sus fauces un indignado y hermoso pájaro carpintero de largo y hermoso pico al que muy ofendido pudimos devolver vivo aunque herido en su orgullo a la libertad impoluta de los cielos veleños. Con el tiempo y pese a algún sobresalto, le hemos ido viendo crecer y madurar hasta adquirir un respetable porte y un carácter amigable y tranquilo junto a su madre compañera de juegos y travesuras que por su apego y fidelidad natural hacen que la vida sea un disfrute aún mayor junto a ellos



