El poder del pequeño David espoleando y vigilando al gigante Goliat
- apeveeditor
- 21 feb
- 6 Min. de lectura
JAVIER ALGARRA
Mientras en la política nacional los partidos en coalición se devoran mutuamente, en la gestión municipal se dan casos de perfecta cohabitación. Las pequeñas agrupaciones vecinales ejercen de Pepito Grillo ante las grandes formaciones, pero no les niegan el apoyo a la hora de actuar en favor de los vecinos. Lo comprobamos con UCIN en Algete, o con ULEG en Leganés.

En el panorama político hay pequeños partidos que se incorporan a un gobierno de coalición para permitir la investidura de otras grandes formaciones que no han obtenido mayoría absoluta. A veces, son parásitos que, como protozoos, vampirizan al ser en el que habitan, exigiendo concesiones a cambio de su apoyo. Lo hemos visto en el gobierno nacional. Pero en el ámbito municipal no suele ser así. Generalmente son fuerzas afines, muy enraizadas en la población, que ejercen una labor motora para el cumplimiento de un programa y de fiscalización cuando éste se incumple.
Francisco Cerro en Boadilla
El periodista Francisco Cerro, años después de abandonar el cargo de alcalde de Boadilla del Monte que ejerció durante la Transición, volvió al gobierno municipal como primer teniente de alcalde, tras haber formado un partido, la Unión Independiente de Boadilla, que fue fundamental, con sus cuatro concejales, para formar un gobierno de coalición que permitió al Partido Popular dirigir el consistorio en 1991.

Este veterano de TVE, que ahora preside la Asociación de Periodistas y Escritores Veteranos de España (APEVE), siempre destaca el importante papel que desempeñan estas formaciones que, desde su independencia y, generalmente, menor militancia ideológica, espolean al gobierno municipal, exigiendo el cumplimiento del programa pactado para la investidura, evitando, en ocasiones, que el alcalde se vea sometido a exigencias de la dirección nacional de su partido, que puedan limitar su acción en beneficio de los vecinos a causa de otros intereses foráneos.
Francisco Cerro, que llegó a la administración municipal sin ataduras políticas de ningún tipo, siempre se consideró más un gestor que un alcalde. “No soy un político ni vengo a Boadilla a hacer política”, dijo en su toma de posesión. Lo que sí llevaba era una larga lista de necesidades urgentes de solucionar para el municipio.
Esa es la gran diferencia entre la gestión municipal —que suele obedecer a los intereses de los ciudadanos— y la política nacional que, en más ocasiones de lo que sería deseable, se ve motivada por cuestiones ideológicas o intereses de poder.
Leganés, un ejemplo de convivencia.
Buena muestra de esa convivencia pacífica en una coalición de gobierno la encontramos en Leganés. Su alcalde es Miguel Ángel Recuenco, del PP, un excelente gestor, muy querido por los ciudadanos, que le consideran un vecino más.

Tras ganar las elecciones de 2023 con nueve concejales, imponiéndose sobre los ocho del PSOE, alcanzó un acuerdo de gobierno con una formación independiente, Unión Por Leganés (ULEG), y sus tres ediles. Tras sus primeros cien días de mandato, el alcalde Recuenco compareció en rueda de prensa, acompañado por su socio de coalición, el primer teniente de alcalde, Carlos Delgado (ULEG), ofreciendo imagen de unidad. Y fue Delgado quien aseguró: “Este gobierno es una piña. Con los tiempos que vivimos, que dos partidos aparquemos nuestros maximalismos ideológicos por el bien de Leganés, es una gran noticia”.
Ahora, casi tres años después de las elecciones, ambas formaciones mantienen ese compromiso. Lo pusieron de manifiesto el verano pasado cuando la oposición se alió para intentar bloquear los presupuestos. La ausencia de fisuras en la coalición permitió que salieran adelante.
Un tripartito para Algete
Las elecciones municipales de 2023 en Algete dibujaron un escenario endiablado. La victoria fue para el PP con 7 concejales, seguido por el PSOE con 6, Vox con 3, Unión de Ciudadanos Independientes (UCIN) con 2, Unión Santo Domingo (USD) con 2 y Vecinos por Algete (VXA) con 1. El candidato del PP, Fernando Romo, consiguió sumar los 11 concejales necesarios para la mayoría gracias al apoyo de los 2 de UCIN y los otros 2 de USD. Así se convirtió en alcalde.

El equipo de gobierno, además de los ediles del PP, se completó, por parte de UCIN, con su cabeza de lista, Cristina Expósito de Frutos, como la primera teniente de alcalde; y Carlos Mª Pérez Achiaga, como concejal de Urbanismo. Por USD, se incorporaron al equipo de gobierno Javier Ignacio Peiro, concejal de Urbanizaciones; y Eva Herrero, de Relaciones Aeroportuarias.
En este caso, se trata de un tripartito, escenario que, a priori, podría generar auténticos quebraderos de cabeza para mantener la unidad de acción. Pero, una vez más, la sensatez parece imponerse a la hora de gestionar, aunque, eso sí, fiscalizando al socio de gobierno para garantizar el interés de los ciudadanos. ¿Cómo se consigue el equilibrio? ¿De qué manera convive la lealtad institucional con la exigencia de trasparencia y la efectividad de la gestión? Vamos a tratar de salir de dudas.
Cristina Expósito, la voz de la conciencia
Cristina Expósito de Frutos, líder de UCIN Algete, es la primera teniente de alcalde y es concejala delegada de las áreas de Deportes, Servicios Sociales, Recursos Humanos y Educación. Conoce a fondo el Ayuntamiento, donde ha trabajado durante décadas en funciones administrativas. Sus raíces algeteñas y su contacto directo con la población la convierten en una persona muy querida por los ciudadanos del municipio, que la consideran una vecina más.
Cristina Expósito, ¿cómo se gestiona un gobierno de coalición tripartito?
Con transparencia, compromiso, lealtad e integridad, que son las únicas garantías de confianza entre socios.

Un tripartito exige un diálogo constante para salvar las diferencias partidistas y poner siempre por delante el beneficio de los vecinos. En mi caso, aporto un conocimiento profundo de la administración municipal tras décadas de trabajo en este Ayuntamiento, lo que me permite centrarme en que la maquinaria no se detenga. Gestionar Algete desde una coalición no es una cuestión de siglas, sino de pragmatismo técnico: nuestra misión es asegurar que los recursos lleguen donde se necesitan, alejándonos de los ruidos ideológicos nacionales para centrar toda nuestra energía en lo que realmente importa: que nuestro pueblo funcione.
¿Cuál es la actitud que debe mantener un partido cuya presencia en una coalición es fundamental para la gobernabilidad?
Nuestra actitud es de lealtad exigente. No estamos en el gobierno para ocupar sillas, sino para que las cosas se hagan. Ser la llave de la gobernabilidad nos da una responsabilidad mayor: ser la voz de la conciencia de este Ayuntamiento. Mi labor es asegurar que los pactos se cumplan y que el programa electoral no sea un papel olvidado en un cajón. Somos el "Pepito Grillo" que recuerda cada día que nuestra única lealtad es con los vecinos de Algete, fiscalizando que cada euro se gestione con rigor y que la gestión municipal no se detenga por intereses partidistas.
¿Cómo ha influido un partido independiente como el suyo para hacer realidad el proyecto de la piscina cubierta, paralizado durante varias legislaturas?
La piscina cubierta es el mejor ejemplo de lo que significa UCIN para Algete: cumplir donde otros fallaron. Fuimos los únicos que incluimos este proyecto en nuestro programa electoral de 2023 porque sabíamos que era una demanda histórica que no podía esperar más. Desde que asumí la Concejalía de Deportes, mi prioridad absoluta ha sido desbloquear este proyecto. No ha sido fácil; nos encontramos con años de parálisis y burocracia, pero gracias a una gestión técnica impecable y a nuestra firmeza en el equipo de gobierno, hoy es una realidad en marcha. He liderado un trabajo multidisciplinar entre Deportes, Urbanismo e Infraestructuras porque entiendo que la política no es prometer, es empujar hasta que el vecino vea los resultados. La piscina no solo es una infraestructura; es el símbolo de que, cuando UCIN gestiona, Algete avanza.
¿Qué retos quedan por afrontar en Algete?
El mayor reto es consolidar un modelo de ciudad que funcione de verdad. Algete no puede seguir viviendo de la inercia de los grandes partidos nacionales. Necesitamos seguir profesionalizando la administración, garantizando que el mantenimiento de nuestras calles, la excelencia en la educación y la seguridad ciudadana sean una garantía diaria. Mi reto personal es que cada vecino, viva en el centro o en las urbanizaciones, sienta que tiene una concejala que le escucha y resuelve. Seguiremos siendo ese motor que espolea al gobierno para que Algete sea, por fin, un municipio de vanguardia donde la gestión de las personas esté por encima de todo.
En esta moderna historia de David y Goliat, las pequeñas formaciones vecinales desempeñan un papel primordial para nuestra democracia municipal: son un motor de la acción de gobierno, espoleando al socio mayoritario para que no se duerma en los laureles y, al tiempo, ejercen una función fiscalizadora para evitar irregularidades. Un perfecto equilibrio, siempre que la relación esté presidida por la lealtad y la trasparencia.



