top of page
logo apeve_edited_edited.png

Los gorriones: pequeños vecinos con grandes secretos

  • apeveeditor
  • 24 feb
  • 2 Min. de lectura

MIGUEL SANCHÍZ


Hace tiempo, mi amigo Francisco Cerro, presidente de la APEVE y apasionado observador de la vida cotidiana, me habló de su cariño por los gorriones. Aquella conversación, sencilla y luminosa, me dejó una idea rondando: ¿qué sabemos realmente de estos pequeños compañeros urbanos que nos rodean desde siempre?


Me impuse entonces un pequeño reto —un regalo para él—: investigar a fondo sobre los gorriones y descubrir curiosidades que rara vez aparecen en los libros o en las charlas de sobremesa.

El resultado es este resumen  que dedico a Paco, con la misma admiración con la que él mira a estos pájaros humildes y extraordinarios.


Los gorriones urbanos han aprendido a “leer” a los humanos. Distinguen si representamos una amenaza según hacia dónde miramos, cómo nos movemos o qué postura adoptamos. No es casualidad que se acerquen más cuando evitamos mirarlos directamente.

Su canto no es tan uniforme como parece. Existen variaciones regionales, auténticos acentos que diferencian a los gorriones de una zona de los de otra.


En entornos ruidosos, elevan la frecuencia del canto para hacerse oír entre motores, obras y tráfico. Una adaptación rápida y sorprendente para un ave tan pequeña.

Algunos incorporan fibras de colillas en sus nidos. La nicotina actúa como repelente natural contra ácaros y parásitos. No es lo más saludable, pero demuestra una creatividad inesperada.

Si encuentran comida abundante, llaman a otros gorriones. Si es escasa, guardan silencio. Una mezcla de altruismo y cálculo.

El gorrión común se expandió por el mundo gracias a los barcos y rutas humanas. Hoy es una de las especies más globalizadas del planeta.


En experimentos, distinguen secuencias ordenadas de desordenadas, detectando cuando se rompe una regla simple. Una forma básica de pensamiento lógico que no esperaríamos en ellos.

Algunos gorriones se restriegan hormigas por las plumas. Las hormigas liberan ácido fórmico, que actúa como desinfectante natural. Un spa improvisado en plena naturaleza.

En situaciones extremas, un adulto puede alejarse del nido simulando una lesión para atraer al depredador y proteger a los polluelos. Un acto de valentía y astucia.


Antes de pelear, dos machos pueden enfrentarse esponjando el pecho y adoptando posturas exageradas. Muchas disputas se resuelven sin violencia, solo con teatro intimidatorio.

Este pequeño compendio de rarezas y maravillas es mi forma de agradecer a Francisco Cerró su manera de observar el mundo: con curiosidad, respeto y una sensibilidad que convierte lo cotidiano en extraordinario.

Los gorriones, tan modestos y tan sabios, parecen hechos a su medida.

 
 
bottom of page