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Dialéctica de la Secularización 2

apeveeditor
hace 3 días
12 min de lectura

LUIS BUCETA FACORRO

Catedrático


1.- Al  principio  de su ensayo  “La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo”,  Max Weber, se pregunta: ¿por qué concatenación de circunstancias se ha producido que, precisamente en el suelo occidental, y sólo aquí la civilización que ha expresado con unas manifestaciones que, al menos así me gusta imaginar, se han insertado dentro de un desenvolvimiento que posee un  valor y una significado universal?


Max Weber
Max Weber

Son muchos y variados los cambios que se han producido en su mayor parte en el occidente europeo que fueron naciendo en determinadas épocas de su historia y afirmadas e impuestas en determinadas partes del mundo pretenden tener un valor universal y consecuencia de las mismas se produjo un cambio significativo del pensamiento inicialmente de bases religiosas al pensamiento de la ciencia moderna que produjo la separación entre la sociedad civil y el Estado o entre la religión y el estado. De ahí  la importancia de determinarla la procedencia de las normas que han de regir la convivencia de los ciudadanos de una sociedad pluralista y secularizada.

Precisamente en relación a este tema se llevó a cabo  el 19 de enero del 2004, en la Academia Católica de Baviera un encuentro entre Jürgen Habermas, célebre filósofo de la Escuela de Frankfurt y conocido ponente del pensamiento laico de raíz ilustrado, y Joseph Ratzinger cardenal de la Iglesia Católica prefecto en el Vaticano, de la Congregación de la Doctrina de la Fe y reconocido teólogo.


Habermas y Ratzinger
Habermas y Ratzinger

La Escuela de Frankfurt representa a una serie de célebres autores que formaban parte del  “Instituto para la Investigación Social” que  se   fundó en la década de los años veinte en la universidad de dicha ciudad. Es importante señalar que su idea central fue la teoría crítica frente a la  teoría tradicional de corte religioso. Todos los autores tenían unas características comunes eran judíos  y marxistas, lo cual  en la década de los treinta del siglo pasado, suponía el rechazo radical por el Estado Nacional Socialista, lo que supuso la emigración a otros países especialmente a los Estados Unidos. En este célebre encuentro se estableció el tema de dialogo: “Sí el Estado liberal secularizado necesita apoyarse en supuestos normativos prepolíticos, es decir, en supuestos que no son fruto de una deliberación y decisión democrática, si no que lo preceden y lo hacen posible”. 

2.- Jürgen Habermas, defiende el dialogo y la discusión para lograr el ordenamiento liberal democrático secularizado. Plantea lo que él llama la razón práctica que no es una ética de valores si no una racionalidad subjetiva, en que prevalece lo concreto con prioridad de lo bueno.

Jürgen Habermas
Jürgen Habermas

Su punto de partida es  una comunidad ideal de hablantes donde se da   la comunicación verdadera y el poder estatal constituido para la convivencia en esa comunidad se concreta en una Constitución que se otorgan así mismo los ciudadanos asociados, con la pretensión de ser aceptable racionalmente por todos los ciudadanos.

Una sociedad y estados secularizados exigen el abandono de planteamientos tradicionales religiosos, especialmente del cristianismo, sustituyéndolos por razonamientos de los ciudadanos que sin valores previos se otorgan una Constitución  y un orden jurídico democrática y autónomamente. Surge y defiende el  “Estatus de ciudadano en una sociedad civil que se alimenta de fuentes espontaneas” La solidaridad ciudadana exige virtudes políticas que implican  interés e implicación en la vida comunitaria apoyada en la Constitución, de ahí su término de “patriotismo constitucional” como base de esta solidaridad. Efectivamente esta comunidad ideal de hablantes donde se da lo que él denomina una comunicación verdadera, al menos como  deseo utópico, no es lo firme que se quisiera si no que puede romperse,  según Habermas, no tanto por razones internas si no por razones externas, tales como la economía mundial, los mercados y  por la pérdida de una educación democrática entre otras. Destacaría la importancia en su planteamiento de la educación democrática de los ciudadanos. Si esto ocurre se produce lo que él llama una “modernización descarriada” que contribuye a un desánimo que conduce al propio beneficio y las preferencias privadas amenazan las comunitarias reduciendo una “despolitización ciudadana”. 

Habermas no aparece como enemigo de la religión ni de lo religioso pues manifiesta claramente que su comunidad política está formada por ciudadanos creyentes y no creyentes y que ambos deben de tener los mismos derechos constitucionales pero  esta modernidad ambivalente de  ciudadanos creyentes y no creyentes exige una estabilidad  de fuerzas propias laicas no religiosas. Sin embargo el pensamiento postmetafísico debe aprovechar contenidos cristianos valiosos tales como la responsabilidad, la autonomía, el desprendimiento, la interiorización, el individualismo y la comunidad etc. entiende que hay que aprovechar todos estos valores secularizándolos mediante la razón práctica por él defendida, En su exposición pone un ejemplo: La traducción del hecho de que el hombre está hecho a imagen  y semejanza de Dios  al concepto de igual y absoluta dignidad de todas las personas. Abre el contenido de los conceptos bíblicos, más allá de los límites de la comunidad religiosa a gentes de otras confesiones y a los no creyentes”. Esta experiencia de separación secularizada de significados que estaban enquistados en lo religioso,  permite, según Habermas buscar un sentido realista a la integración social fortaleciendo la solidaridad social mediante la coordinación en campos de “valores,  normas y uso del lenguaje dirigido a entenderse”. Esta apropiación interesa al Estado Constitucional en orden a “cuidar la relación con todas las fuentes culturales de las que se alimenta la conciencia normativo y la solidaridad de los ciudadanos.  

Al hablar de religión Habermas se refiere al cristianismo y al catolicismo,  que representa el ámbito religioso que ha impregnado el mundo occidental y origen y contenido de los derechos humanos. Así lo reconoce expresamente: “Naturalmente la historia de la teología cristiana de la Edad Media, en especial la escolástica española tardía, pertenece ya a la genealogía de los derechos humanos”.  Hay un proceso de aprendizaje por parte de creyentes y no creyentes pero el esfuerzo es mayor por parte de los creyentes, pues “la religión tuvo que renunciar a esta pretensión de monopolio interpretativo y decretar estructuración de la vida a medida que la secularización del conocimiento, la neutralización del poder estatal y la generalizada libertad religiosa fueron imponiéndose”. La consecuencia es  la separación funcional del sistema del ciudadano y el de creyente de forma que  “el papel de un miembro de una comunidad religiosa queda así separado del papel de ciudadano “. 

En definitiva, en contestación al tema planteado la respuesta de Habemas es terminante: “La naturaliza laica del Estado democrático constitucional basado en el pensamiento postmetafísico, la regularización y la razón práctica tiene capacidad y autonomía para recurrir  a sus propias fuentes, en orden a su legalidad y legitimidad,  sin presupuesto normativo de cualquier concepción universalmente vinculante, procedente de escrituras sagradas y traducciones religiosas. Por lo tanto, el Estado liberal secularizado no necesita apoyarse en presupuestos prepolíticos, en supuestos que no son fruto de una deliberación y decisión democrática”.   

Joseph Ratzinger
Joseph Ratzinger

3.- Joseph Ratzinger. Su planteamiento es más real que el realizado por Habermas y,  por descontado, su posición contraria y positiva a la pregunta  aunque con coincidencias con Habermas. La ponencia de Ratzinger se titula “Lo que Cohesiona al Mundo. Las bases morales y prepolíticas del Estado”. Según Ratzinger, el encuentro de las culturas en un mundo globalizado sumado al poder destructivo de la técnica humana, hace necesario encontrar una base ética común que regule la convivencia de los hombres y los pueblos. En este punto de vista se viene promocionando una ética mundial ante una sociedad de dimensiones mundiales. Ahora bien, el desarrollo científico y tecnológico no puede ser la base de una conciencia ética, entre otras cosas  porque la ciencia  puede tener “conclusiones apresuradas y falsas certezas sobre lo que es el hombre, de donde viene y por qué existe, o dicho de otra manera, hay que depuraar los resultados cientníficos del elemento no científico que a menudo se mezcla con ellos, así se mantendrá llla mirada abierta a la totalidad  de las dimensiones ulteriores de la realidad del hombre, de la que en la  ciencia solo se puede mostrar aspectos particulares”. Analiza el poder y el derecho señalando que la tarea de la política es poner el poder bajo el escudo del derecho y regular así su recto uso. “No debe tener vigencia el derecho del más fuerte, sino más bien la fuerza del derecho”. Esto nos lleva a que el ordenamiento jurídico de la sociedad ha de estar por encima de toda sospecha de arbitrariedad para poder vivir en libertad, pues “la libertad carente de derecho es anarquía y,  por tanto, es destrucción de la libertad”. Surge la pregunta de cómo nace el derecho para evitar sospecha de arbitrariedad y de entrada señala que el problema está resuelto “mediante los instrumentos de la formación democrática del consenso” cuales son por un lado la delegación y por otro la decisión de la mayoría. Pero también las mayorías pueden ser ciegas o injustas de forma que este principio mayoritario conduce a la cuestión “ sí hay o no algo que no puede convertirse en derecho, es decir, algo que es siempre injusto de por si o viceversa… algo que precede a cualquier decisión de la mayoría y que debe ser respetado por ella”. La afirmación categórica de Ratzinger es que “hay valores permanentes que brotan de la naturaleza del hombre y que, por tanto,  son intocables en todo por los que participan de dicha naturaleza”. Precisamente en nuestra época, estos valores permanentes han quedado plasmados en las distintas declaraciones del hombre, sustrayéndolas así al juego de las mayorías. Sin embargo en nuestro mundo pluricultural  no todos las culturas reconocen esta evidencia y pone  como ejemplos por un lado, el Islam, que ha formulado sus propios derechos humanos  distintos y contradictorios con  los de occidente; por otro lado China que con una cultura actual impregnada de occidente, el marxismo se pregunta sí los derechos humanos formulados por occidente son una invención del propio occidente “que hay que contrastar” por lo que en definitiva los ataca y rechaza. Parece claro que los valores permanente que brotan de la naturaleza del hombre son derivados de su condición de ser creado por un Ser superior. Esta concepción cristiana encarnada con el pensamiento griego y el concepto del derecho y ciudadanía de Roma constituye el fundamento de la Civilización, aunque no perfecta, alcanzada en occidente. 


Habermas y Ratzinger en la Academia Católica de Baviera
Habermas y Ratzinger en la Academia Católica de Baviera

En su intento de bajar a la arena y de fundamentar sus fundamentos en la realdad se plantea las nuevas formas de poder que han surgido a partir del final, en 1945, de la Segunda Guerra Mundial. Señalas las siguientes: 1.- “El hombre se vió de repente con capacidad no sólo para destruirse a sí mismo, sino también la tierra”. La invención de la bomba atómica y las series posteriores aún más destructivas, hizo que predominó el miedo, y el miedo detuvo un posible conflicto nuclear entre los dos grandes bloques de forma que el miedo y la “limitación reciproca de los poderes resultaron ser fuerzas de salvación”. 2.- El miedo ante un terror omnipresente  que pone de manifiesto que “el hombre no necesita un gran conflicto para hacer el mundo inevitable”. Se refiere expresamente a la acción terrorista que implica que “unos criminales pueden tener acceso a los grandes potenciales de destrucción y que el mundo se precipite en el caos fuera de los ordenamientos políticos”. Es grave e inquietante que los mensajes terroristas se tomen una legitimación moral, al presentar su acción como “defensa de la tradición religiosa contra la impiedad de la sociedad occidental”. Ante esta pretensión de justificación del terrorismo  basado en un fanatismo religioso considera necesario hacerse las siguientes preguntas: “¿Es la religión fuerza de curación y salvación, o no será tal vez un poder arcaico y peligroso que construye falsos universalismo induciendo a la intolerancia y al error?; ¿no deberíamos poner la religión bajo la tutela de la razón y dentro de unos límites adecuados?”. Y plantea una última pregunta que considero relevante: “¿Es verdad que la gradual eliminación de la religión,  su superación ha de considerarse como progreso necesario de la humanidad, capaz de permitirle hallar el camino de la libertad y de la tolerancia universal”? 3.- “El hombre es ya capaz de hacer hombres, de producirlos, por así decir, en probeta”. Esta capacidad no es solo que el hombre se convierte en un producto, sino también con estas posibilidades de la ciencia surge la tentación “de construir el hombre perfecto, la tentación de hacer experimentos con el hombre”, dejando de ser “un don de la naturaleza o de un Dios creador”, pura materia basura que permite deshacerse de ella. 

Ante esta situación Ratzinger se plantea “que hay que considerar la religión con una fuerza moral positiva”, surgiendo la duda de la fiabilidad de la razón y si no habría que poner a la razón bajo observación. Así mismo surge su búsqueda sobre los presupuestos del derecho, señalando que ya en la Grecia antigua surgió la idea de un derecho que procediese de la naturaleza, de la esencia del hombre. Después, el descubrimiento de América supuso el encuentro de pueblo ajeno al entramado de la fe y el derecho cristiano, pero estos pueblos paganos no quería decir que padecieran de normas que regularan su vida, por lo que parece que “existía un derecho por encima de todos los sistemas jurídicos que demuestra que  los hombres son hombres y los une entre sí. En este sentido se apoya Francisco de Victoria, que desarrolló la idea del “ius gentium”, el derecho de los pueblos, donde la palabra gente se asocia a la idea de pagano, no cristiano. “Se trata de una concepción de derecho como algo previo a la concreción cristiana del mismo y que debe regular la junta convivencia entre todos los pueblos”, así surge la necesidad de desarrollar una noción de derecho previa al dogma, una base jurídica mínima que no se apoyase en la fe sino en la naturaleza, en la razón humana. Así apareció la idea del derecho natural con el hecho de la  razón, “que valora la razón como órgano de la construcción de un derecho común   por encima de la frontera de la fe”.  Como este instrumento dejó de ser fiable el último elemento que ha quedado del derecho natural, son los derechos humanos, “los cuales no son comprensibles si no se acepta previamente que el hombre por sí mismo, simplemente por pertenecer a la especie humana, es sujeto de derechos, y su existencia mínima es portadora de valores y normas que hay que descubrir, no que inventar”.  Podemos recordar aquí que cuando este cardenal de la Iglesia y luego Papa Benedicto XVI era un joven, aquí en España, se fundaba un movimiento político, por José Antonio Primo de Rivera,  basado en  el individuo  como “portador de valores eternos” y estos valores eran la dignidad, la integridad y la libertad, considerándolos intangibles y por consiguiente previos a toda norma jurídica.  

Ratzinger es consciente y así lo manifiesta que al afrontar la discusión acerca del hombre, “que no se puede entablar pura y simplemente entre cristianos, ni únicamente dentro de la tradición racionalista occidental. Ambas posiciones aunque se presentan como polos opuestos, están más o menos cerca entre sí y pueden aprender la una de la otra, aunque también es verdad que estos planteamientos no son aceptados por otras culturas, tales como la islámica, el ámbito cultural del hinduismo y el budismo, las culturas tribales africanas y las culturas tribales americanas, aunque todas ellas, sin dejar de mantener su propia identidad han sido “interpeladas e  incitadas por teologías cristianas", pero “pone en cuestión tanto la racionalidad occidental como la pretensión universal de una revelación cristiana". Todo ello pone de manifiesto que “no existe la formula racional o ética ó religiosa en la que todos puedan estar de acuerdo  y en la que todos pueda apoyarse. Por eso mismo la ética mundial sigue siendo una abstracción”. 

Partiendo de que en gran parte está de acuerdo con Habermas, en lo que respecta a la sociedad post secularizada termina Ratzinger  su exposición resumiendo su visión personal en dos tesis: 1.- En la religión hay patologías altamente peligrosas que hacen necesario considerar a la luz divina de la razón, como una especie de órgano de control, por el que la religión debe dejarse de purificar y de guiar. Pero también hay patologías de la razón sumamente peligrosas, por lo que a la razón se le debe exigir  que reconozca sus límites y que aprenda a escuchar a las  grandes tradiciones religiosas de la humanidad; y denuncia a aprender, que vuelve destructiva. Por ello, nos dice: “Yo hablaría de una correlación necesaria de razón y fe, de razón y religión, que están llamadas a purificarse y regularse recíprocamente, que se necesitan mutuamente y deben reconocerlo”. Recuerda la cita de Albert Einstein: “La ciencia y la religión está coja; y la religión sin la ciencia, ciega”. 2.- En un contexto intercultural los dos agentes principales de correlación son la fe cristiana y la racionalidad occidental laica…ambas caracterizan la situación mundial como ninguna otra fuerza cultural. Sin caer en un falso eurocentrismo y en ninguna forma de arrogancia occidental la cultura occidental debe estar dispuesta a “escuchar y desarrollar una autentica correlación con esas otras culturas…de modo que pueda ofrecer un proceso universal de purificación en   el que al final pueda resplandecer de nuevo los valores y las normas que en cierto modo todos los hombres conocen e intuyen, y así pueda adquirir nuevas fuerzas efectivas entre los hombres lo que mantiene cohesionado el mundo”.

Luis Buceta Facorro
Luis Buceta Facorro

Con estas dos tesis termina Ratzinger su exposición en el encuentro con Habermas sobre la dialéctica de la secularización, encuentro que entiendo, que abre un luminoso camino para comprender la lucha hegemónica en la sociedad postsecular, en pro de la dignidad, integridad y libertad de las personas. Relacionar en un análisis comparativo ambas intervenciones sería muy fructífero para dilucidar el proceso civilizador de occidente, frente a las diversas culturas existentes.

Personalmente, como cristiano español y europeo, sigo creyendo sin arrogancia ni desprecio a ninguna cultura, que la luz de la civilización viene de Europa y sigue siendo su misión universal. Es tarea que, Dios mediante, afrontaremos en otra ocasión. 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

 

 
 
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