El precipicio al que se asoma la decisión sobre la nuclear
- apeveeditor
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CÉSAR VACCHIANO
Las convulsiones que asoman en los últimos meses del Gobierno, derivadas en su mayor proporción por el carácter y la personalidad de su presidente, suponen una circunstancia desconocida para quienes hemos vivido la dictadura y disfrutado con ilusión el periodo democrático. Una economía que disfraza con subvenciones y deuda el empleo, la competitividad y la renta per cápita; la mayor recaudación fiscal de la historia compatible con los peores servicios públicos; la amenaza de una inmigración incontrolada que solo beneficia a las mafias y organizaciones de gestión; y las evidencias de corrupción organizada desde el propio poder político que contamina organismos e instituciones públicas, dominan la actualidad con sorpresa adormecida y escasa esperanza en un inminente escenario electoral.

Con este marco de realidades, una decisión de corte personalísimo –como muchas otras del presidente– aborda la aplicación de un programa de desmantelamiento de nuestra industria de generación nuclear. Me atrevo a denunciar que nos asomamos a un precipicio que representa verdaderos riesgos para las necesidades de electricidad del país, su evolución industrial y económica, el empleo y su cualificación más allá de los propios entornos de cada emplazamiento, y el futuro de numerosas inversiones dependientes de un sistema eléctrico que fue ejemplar hasta que la ideología compite con la ciencia.
En primer lugar, porque nos enfrentamos a decisiones europeas sin argumentos y en posición de descredito por el uso incompetente de los fondos recibidos. Se pone en riesgo la mejora de nuestras conexiones eléctricas y la eventual participación en proyectos compartidos del sector nuclear que se verá reforzado por necesidades de soberanía energética.

Y también, porque el esfuerzo inversor en potencia eólica y fotovoltaica -obviando el rechazo local de sus instalaciones- representa una fuente de generación irregular cuya participación en el mix de consumo tiene limites que deben ser reconocidos y compensados con inversiones para el control de las redes. Una imposición al dictado de un posible récord para exhibición administrativa es una locura que ya hemos sufrido con daños materiales y de reputación. En las condiciones actuales, eliminar el 20% de nuestra generación, que procede de los reactores nucleares, es insustituible sin reactivar grupos de gas que nos obligan a mayores costes y dependencia exterior para satisfacer la demanda en condiciones seguras.
El daño se extiende a entornos sociales afectados. En el ámbito geográfico, comunidades que conviven con las instalaciones aportando empleo cualificado, participando de los impuestos aplicados a su operación, prestando servicios de todo tipo y contribuyendo a la estabilidad de otras industrias de sus regiones respectivas, siendo Cataluña la más afectada y en la que se producirían efectos dramáticos si se ejecuta la decisión. En el ámbito profesional España perdería una capacidad que nace en nuestras universidades con ingenieros, físicos y licenciados en diversas disciplinas técnicas sin otro horizonte profesional que la huida al extranjero; y ello después de haber adquirido una calidad profesional reconocida en todo el mundo y con ejemplos empresariales que morirán con el dogma.

El desierto tecnológico que se ofrece a un país que renuncia a su soberanía eléctrica, con fuentes seguras y competitivas para favorecer las inversiones que han de garantizar una sociedad intensiva en comunicaciones, gestión de datos y electrificación de diversos sistemas esenciales, es una amenaza que nadie debería consentir a un político. Más aun cuando ha subordinado todo argumento técnico a la jerarquía con sus subordinados y da muestras diarias de convulsión personal, lo que nos lleva a recordar los peores comportamientos de los emperadores romanos durante el siglo III.

Recordemos, al borde del precipicio, lo que tenemos y que tanto ha contribuido a nuestra realidad económica: el 5% de la potencia eléctrica instalada, generadora del 20% de la electricidad consumida, con la mayor contribución impositiva de Europa y referencia de explotación ejemplar en la comunidad mundial. Esto puede desaparecer como legado del peor gobierno de la España democrática y lo más lamentable es que esta decisión no será lo peor de su mandato.
Desgraciadamente, las circunstancias personales de quien ha de decidir no son propicias a su reconsideración, puesto que podrían interpretarse como merma de autoridad. A diferencia de Roma, los pretorianos no tienen donde ir si cae el emperador, y no es visible ningún tribuno para una proclamación alternativa; algunos senadores disfrutan de las fiestas como nunca lo hicieron y tampoco se atreven a una rebelión por miedo a las declaraciones de las concubinas; tiempos de decadencia, como desde Cómodo a Treboniano Galo.



