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En la muerte de Raúl del Pozo

  • Foto del escritor: Rafael Cordero Avilés
    Rafael Cordero Avilés
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 3 días

RAFAEL CORDERO AVILÉS


Cuando apenas acabamos de empezar a encajar el fallecimiento del gran Fernando Ónega, nos ha llegado la desoladora nueva de la muerte de Raúl del Pozo, otro de los grandes, de los imprescindibles se podría decir, del periodismo español de los últimos cincuenta años .


Raúl del Pozo
Raúl del Pozo

Nacido en Mariana, un pueblo de Cuenca, el Dìa de Navidad de 1936 se inició en el periodismo en un medio tan acrisolado como El Díario de Cuenca. Y de allí dió el gran salto a Madrid, "rompeolas de todas las España". Y lo hizo a través del "Pueblo" de Emilio Romero. Verdadero vivero de grandes reporteros y nombres del periodismo, cuya estela se proyectaba aún hasta hace poco tiempo y qué fue un magnífico lugar de aprendizaje y perfeccionamiento, en aquellos tiempos difíciles en los que el periodista que aspiraba a ir más allá de los límites marcados por la censura, debía convertirse en un maestro de la elipsis, y de la lectura entre líneas, si quería sobrevivir . Lo sė muy bien porque a mis pocos más de diez años, ya era un lector insaciable de periódicos, al menos dos diarios, "Pueblo ” e "Informaciones", qué mi padre traía por la noche a casa de vuelta del trabajo y que yo esperaba con avidez e impaciencia, para devorarlos literalmente.

Pero, ¿quién era, quién fue Raúl del Pozo?

Fue un periodista de vocación temprana y con una honda e irrenunciable vocación literaria y novelística que se materializó en un buen número de novelas y colecciones de artículos fruto de su paso por los medios que le marcaron y en los que dejó también su impronta y su sello de calidad humanista y literaria.

Dicen los que le conocieron ya en vida que Raúl del Pozo fue un hombre bueno. Y eso dicho en España, cuando todavía se respira, tiene mucho mérito. Detrás de su naturaleza aparentemente tímida y retraída, había un hombre hondo y culto, con un rostro de campesino de las serranías conquenses y la sutileza de juicio de un clásico que fue antes un rapaz que veía crecer la hierba. .

Pasó por la redacción de "Mundo Obrero" en tiempos bizarros y que para muchas gente, suponía aún un estigma. Pero que en su caso vinieron a construir su identidad como hombre de izquierdas, declaradamente ateo. En otros momentos estos hubieran sido avales suficientes para precipitarle en una mazmorra. Pero su rabiosa valentía e independencia de criterio, le llevaron en la década de los ochenta a las páginas de "Interviú", para mostrarnos su conciencia desnuda e incorruptible desde su columna. Se hizo acreedor de los más importantes premios periodísticos de la prensa española, como el entonces César González Ruano y el Mariano de Cavia. Era el hombre de moda y era invitado a programas de televisión y saraos, donde su aparente reserva y taciturna retranca, teñida a veces de un pesimismos indisimulado, le daban a sus intervenciones un carácter muy personal que nunca dejaba indiferente. Mientras tanto su genio literario andaba destapado y se materializó en obras y trabajos que se tradujeron en 18 libros.

"Noche de tahúres" (1994), "La novia" (1995), "Una derecha sin héroes" (1998)… pusieron en evidencia sus capacidades como cronista de la realidad política, así como "La diosa del pubis azul" (2005), escrita al alimón con Espido Freire, su gran predilección por el erotismo y el mundo femenino. Durante casi cincuenta años estuvo casado con Natalia Ferraccioli, hasta el fallecimiento de ella en 2018.

Rafael Cordero Avilés
Rafael Cordero Avilés

En 1991 se inició su vinculación con el diario "El Mundo" del que fue uno de sus más destacados columnistas. Tanto que en 2007, al morir Francisco Umbral, se hizo cargo y continuador de su columna, "El ruido de la calle". Sus magníficas dotes para sacudir las conciencias fue aprovechado también por la televisión, de la mano de María Teresa Campos, en programas como "Día a día" (1996-2004) y "Cada día" (2004-2005).

En 2020 se publicó su biografía escrita por Jesús Úbeda y Julio Valdeón, titulada curiosamente "No le des más whisky a la perrita", escrita como si fuera una novela y con prólogo de Carlos Alsina.

Hace unos días, el 10 de marzo, a los 89 años, nos dejó con ese estoicismo suyo que apenas pudo desvirtuar su gran pasión por la vida.

Hasta siempre, admirado espíritu libre.


 
 
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