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España vista desde fuera: cuando un artículo extranjero nos obliga a mirarnos al espejo

  • apeveeditor
  • hace 5 días
  • 4 Min. de lectura

MIGUEL SANCHÍZ


A veces no es la política nacional la que nos despierta, sino la mirada ajena. Estos días, un artículo publicado en The American Spectator por Itxu Díaz ha recorrido medios y redes, y su eco internacional me ha obligado a detenerme. El texto comienza con una frase que, traducida, suena casi como una advertencia: “I am not in the habit of torturing my American friends with issues from my country of origin, Spain…” (“No tengo la costumbre de torturar a mis amigos estadounidenses con los problemas de mi país de origen, España…”)


Itxu Díaz
Itxu Díaz

Desde esa primera línea, el autor sitúa el tono: grave, urgente, casi desesperado. Y aunque su estilo es deliberadamente alarmista —forma parte del género de opinión—, lo relevante no es su dramatismo, sino el hecho de que un medio estadounidense considere necesario alertar sobre la situación institucional española.

Díaz sostiene que España está entrando en una “dictadura de extrema izquierda”. No necesito compartir su retórica para reconocer algo que, en mi opinión, es más profundo: España ya no funciona como un Estado de Derecho pleno. Lo digo con dolor, pero también con la serenidad de quien observa cómo principios esenciales —igualdad ante la ley, separación de poderes, neutralidad institucional— han sido erosionados por decisiones políticas tomadas sin el debido respeto al marco constitucional.

El artículo recuerda que Pedro Sánchez no ganó las elecciones de julio de 2023 y que su continuidad en el poder se apoyó en una red de pactos con independentistas, nacionalistas y fuerzas situadas a la izquierda del PSOE. Hasta aquí, nada nuevo. Lo que sí resulta significativo es cómo se interpreta desde fuera. Uno de los fragmentos más citados del artículo afirma: “Sánchez has sold off the entire nation to the whims of those who staged a coup against Spain in 2017.” (“Sánchez ha vendido la nación entera a los caprichos de quienes intentaron un golpe contra España en 2017.”)


The American Spectator
The American Spectator

La frase es extrema, pero revela una percepción internacional: la amnistía y la condonación de deuda catalana se ven como concesiones extraordinarias, difíciles de justificar en términos de igualdad jurídica. Y aquí, más allá del tono del autor, hay un hecho que comparto: la amnistía rompe el principio de igualdad ante la ley, y eso es incompatible con un Estado de Derecho.

Otro fragmento del artículo señala: “Spain… is in imminent transition to an extreme left-wing dictatorship.” (“España… está en transición inminente hacia una dictadura de extrema izquierda.”)

No necesito asumir esa palabra —dictadura— para afirmar algo que considero evidente: cuando el poder político controla o condiciona al Tribunal Constitucional, al Consejo General del Poder Judicial y a la Fiscalía General del Estado, la separación de poderes deja de ser real. Y sin separación de poderes, no hay Estado de Derecho.

El artículo también menciona a Bildu como socio parlamentario, recordando que el partido nunca ha condenado de forma inequívoca los crímenes de ETA. Díaz escribe:

“They have not issued so much as an apology to the families of the nearly 1,000 fatal victims.” (“No han ofrecido ni siquiera una disculpa a las familias de casi 1.000 víctimas mortales.”)

Más allá del tono, esta observación toca una herida que en España hemos aprendido a esconder bajo capas de pragmatismo político. Pero desde fuera, sorprende —y con razón— nuestra capacidad para normalizar lo que en otros países sería moralmente inasumible.

Quizá lo más interesante del artículo no es su contenido, sino su efecto. Nos obliga a mirarnos desde fuera. ¿Qué imagen proyectamos? ¿Qué democracia somos cuando aceptamos que la ley se modifique para resolver problemas judiciales de aliados políticos? ¿Qué Estado de Derecho queda cuando los delitos se perdonan según la conveniencia parlamentaria?

Las protestas masivas que se vivieron en España durante aquellos días también aparecen en el texto. Díaz las describe así:

“Thousands of Spaniards have taken to the streets daily… to prevent them from stealing our democracy.” (“Miles de españoles han salido a la calle cada día… para impedir que nos roben la democracia.”)


Miguel Sanchíz
Miguel Sanchíz

Yo prefiero ver esas protestas como un signo de vitalidad cívica. Pero también como un síntoma de alarma: cuando la gente siente que las instituciones ya no la protegen, sale a la calle porque no confía en los mecanismos formales del Estado. Y eso, por definición, es la señal más clara de que el Estado de Derecho se ha debilitado.

El artículo termina con una frase que ha dado la vuelta al mundo: “Please pray for Spain.” (“Por favor, recen por España.”)

No sé si necesitamos oraciones, pero sí necesitamos algo que hoy echo de menos: respeto institucional, límites claros, y una política que no trate la ley como plastilina. España ha superado momentos peores, pero para hacerlo de nuevo debemos reconocer lo que somos hoy. Y yo, con toda la responsabilidad de quien escribe para su comunidad, lo digo sin rodeos: España ya no es un Estado de Derecho pleno. Y solo podremos recuperarlo si dejamos de fingir que nada grave está ocurriendo.

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