Fernando Ónega: el día que la radio guardó silencio
- Rafael Cordero Avilés
- hace 4 días
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RAFAEL CORDERO AVILÉS

El periodista Fernando Ónega ha fallecido tras una larga carrera profesional de más de cincuenta años dejándonos a todos, quizás sin pretenderlo, una sensación de muerte prematura a sus setenta y ocho años y después de haber cultivado casi todo los palos del periodismo escrito y sonoro con el mayor de los aciertos y sin duda, y eso hay que dejarlo bien claro, con el reconocimiento casi general del público y de la agradecida sociedad española.
De esos hombres proverbiales nacidos en el seno del régimen anterior que propiciaron de la mano del presidente Adolfo Suárez así mismo procedente de las filas del movimiento, un cambio pacífico y progresivo, desde un régimen dictatorial cuyos mecanismos bien engrasados permanecían intactos a excepción de su titular, hasta un sistema democrático y constitucional en el que tuvieran cabida todas las opciones políticas que se daban en el seno de la sociedad española de aquellos años tan lejanos ya en el tiempo pero por otra parte tan próximos en el recuerdo, tan cruciales y tan difíciles en los que el patriotismo y el deseo por encima de todo de vivir en una sociedad en paz y libertad, se impuso entre españoles de muy distintas procedencias políticas a veces incluso antagónicas por encima de cualquiera otra tentación totalitaria y de retorno al pasado.
En esa complicadísima empresa aparentemente nunca antes intentada, coincidieron como decía, hombres procedentes de las filas del antiguo régimen como el propio Adolfo Suárez, como Fernando Segú y otros de distinta procedencia política incluidos aquellos que habían estado prohibidos y sojuzgados en los últimos cuarenta años para conseguir sacar adelante tan difícil pero a la vez tan imprescindible proyecto.

Fernando Ónega puso su talento y su pluma y por qué no decirlo, su patriotismo de bien, al servicio de esta noble causa y casi cuarenta y cinco años después podemos decir que nada de lo que dijo o escribió a lo largo de esos años de andadura democrática en España, le desdijo de ese propósito inicial en el que también estuvieron nombres muy respetados y cercanos a nosotros a través de nuestra amistad en APEVE y otros ámbitos, como son: Luis Buceta Facorro o Rafael Ramos Losada, directores en esos años de encrucijada de Televisión Española y que debieron abordar solo ellos lo sabrán, los cambios estructurales necesarios para brindar al medio televisivo de nuevos bríos y de una nueva trayectoria como potenciador del diálogo social.
Y si esto ocurría en los despachos, en los estudios y ante los micrófonos y las cámaras se incorporaron nuevas voces con nuevos estilos y maneras alternativas de contar la realidad, más alejadas del mayestatismo que había caracterizado algunas de las más identificables manifestaciones comunicativas de la época anterior. Muchos de esos nombres, como el propio Ramos Losada, con el que tuve una buena amistad en sus últimos años y al que entrevisté, ya no se encuentran entre nosotros.
Pero hay algunos muy próximos y muy queridos que aún nos honran con su amistad y compañerismo en nuestra asociación y que desde luego, atesoran un bagaje de experiencias y vivencias único y que son un tesoro para llegar a conocer cómo fue aquella tan traída y llevada transición a la democracia en España en aquellos años de esfuerzo y esperanza.
Me vienen ahora a la memoria, a propósito del fallecimiento del gran Fernando Ónega, autor de algunos de los discursos y enunciados más importantes del proyecto reformista de Adolfo Suárez,, los nombres de eminentes periodistas y compañeros como Alfredo Amestoy y Miguel de los Santos quien asimismo tuvo una estrecha colaboración en el ámbito comunicativo con el fundador de la Unión del Centro Democrático y posteriormente tras su defenestración del poder, en aquel partido crepuscular que se llamó el Centro Democrático y Social en el que se agruparon sus más fieles e incondicionales seguidores. Pero hubo también otros nombres que surgieron desde la juventud a la vez que también desde ya una más que probada madurez profesional en el primer plano de la nueva actualidad informativa de aquellos años. Nos referimos a nombres como los de José Luis Balbín, Miguel Ángel Aguilar y su tocayo Gozalo que velaron sus armas en el dinamitado diario Madrid; y en las ondas Marisol del Valle, Aurora de Andrés, Javier Algarra ,Juan Carlos Azcue y sobre todo en televisión a Joaquín Arozamena, verdadero introductor de un nuevo modo explicativo de contar las noticias que salvo contadas excepciones era inédito hasta entonces de nuestros pagos informativos. Esos nombres vinieron a unirse al de los veteranos del Paseo de La Habana, Paco Cerro, Miguel Sanchíz y Eduardo Sancho, primer periodista que presentó un telediario y que había cambiado el estetoscopio por la máquina de escribir, formándose en la prensa estadounidense. Hoy a sus 98 años vive retirado en su Valencia natal en plenitud de lucidez En 2023 un grupo de sus antiguos amigos y compañeros, viajamos hasta allí para hacerle entrega del título de socio de honor de APEVE. Completaban este reducido grupo Jesús Álvarez y David Cubedo, ya fallecidos. Y Miguel Ors en los deportes. Pero también había fuera del ámbito de la radio televisión pública otros nombres y otras voces que estaban contribuyendo para que ese gran carrusel de renovación de las estructuras informativas de nuestro país siguiera profundizando en sus avances. Así por ejemplo, otro monstruo de la Comunicación fundador de uno de los grandes programas de la radio española como "Hora 25" que estuvo en el principio del camino hacia la normalización y la ruptura del monopolio informativo por parte de la emisora oficial. Llegado el momento, Martín Ferrand y Alfonso Cavallé, otro entrañable amigo y compañero en APEVE, fundaron junto a algunos compañeros más la cadena de emisoras ANTENA 3 que posteriormente, se extendería además al espectro televisivo.
Pero, me doy cuenta que está aproximación histórica, me ha alejado siquiera temporalmente del motivo principal de esta crónica que no es otro que el de rendir tributo y sincero homenaje a la figura y la vida profesional de Fernando Ónega López, nacido en 1947, qué siempre defendió dos cosas aunque como él decía, no sabía cuál pesaba más, si su condición se gallego o la de periodista. Su capilla ardiente concitó las visitas de importantes personalidades de la vida española..
Desde la Reina Letizia, periodista también, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez o el también periodista Iñaki Gabilondo, compañero de Ónega en esta gran aventura coral de reencuentro de la sociedad española, coincidieron, en definirle como un maestro de periodistas, cuya voz mimetizada con el medio, nos hicieron creer que era parte indivisible de este. Y así, mucha gente y muchos representantes diversos y a veces contrapuestos de la vida española. Pero, me pregunto ¿Cuál era su secreto, para concitar tantas voluntades favorables en su último trance? Algo a lo que aquí somos muy dados
Quizás ese secreto radique en su ecumenismo, en hablar para todos sin excluir a nadie. En sembrar la claridad y la concordia y no las mentiras y los bulos.
Miguel de los Santos, lo acaba de recordar en un testimonio histórico impagable que adquiere especial trascendencia en estos momentos, cuando buscando un colaborador para su nuevo programa La Feria de la Vida de la cadena SER, fuente y referencia muy querida, para muchos de nosotros también, le llegó por primera vez a través la voz que se tornaria inconfundible con el tiempo! de Fernando Ónega, a la sazón en el diario Arriba del que llegaría a ser subdirector. Era, recuerda Miguel, el año 1967 ¿Necesitas algo? Le preguntó.
Y desde entonces, desde aquellos veinte flamantes años hasta ahora, en una relación profesional y personal ininterrumpida .
Dos de sus hijas, Cristina y Sonsoles, han seguido sus pasos profesionales y desempeñan puestos destacados del panorama informativo.
Modestia aparte, uno también tuvo la oportunidad de conocer y ver en su salsa informativa a Fernando Ónega. Fue en el verano de 1986. Me encontraba desarrollando mi trabajo como redactor en los Servicios Informativos Centrales de la cadena COPE en Madrid, que Ónega llegaría a dirigir y que entonces se encontraban en sendos pisos de la calle Juan Bravo, 49. Para entonces yo ya había adquirido una apreciable experiencia anterior en la cadena SER. Aún así fue un periodo muy intenso y ajetreado, en el que tuve oportunidad de poner en juego las experiencias ya adquiridas y de aprender otras nuevas, desde los mandos de una unidad móvil cubriendo algunos episodios tremendos, en plena ofensiva terrorista sobre Madrid, como recordaría casi cuarenta años después con nuestro buen y ya extrañado amigo, Guillermo Ostos, general de la Guardia civil quién poco antes de fallecer, pudo ver por fin publicado su libro de memorias sobre el 23 F, en el que se incluye una entrevista que le hice y en el que desempeñó un papel de gran relevancia, para la solución incruenta del golpe, como ayudante de campo del director general de la Guardia Civil, teniente general Aramburu Topete.
Yo entonces desconocía todo esto claro está y desempeñaba mis múltiples cometidos en aquellos relativos y estrechos márgenes de la sede de Juan Bravo, entre una pléyade de estrellas del firmamento radiofónico, entre los que estaban Luis del Olmo, el propio Fernando Ónega, Alejo García, Ramón Pi, o el director de Mediodía Juan Fierro.
Pero esa es ya otra historia y quizás en algún momento la continuaré.
La estrella del gran Fernando Ónega brilla ya con luz propia, como hizo a lo largo de su vida profesional, sobre el éter salpicado de mensajes y músicas cruzadas y que por un largo y eterno instante guardó silencio al dejar de oír su voz.
Descanse en Paz
Rafael Cordero Avilés.
De la directiva de APEVE.











