Dialéctica del Frente Popular. Origen y Significado.
LUIS BUCETA FACORRO
Catedrático

El profesor y pensador hoy ignorado, como tantos otros, por la ideología dominante, Jesús Fuello, trae a colación una cita de Lord Acton, adecuada al momento actual: “La Historia debe ser quien nos libre, no solo de la indebida de otros tiempos, si no de la indebida influencia del nuestro, de la tiranía del mundo que nos rodea y de la presión del aire que respiramos”. Cuando hoy la ideología dominante de la izquierda radical, de los restos del partido comunista y de los nacionalismos, conviene saber la historia de donde procede y porqué su existencia del Frente Popular que hoy vuelve a gobernarnos, para que así nos libre del “la tiranía del mundo que nos rodea y de la presión del aire que respiramos”. Historia que viene de lejos.
1.- Realizada la revolución en Rusia, en 1917, y creada, después de variados y cruentos sucesos, la Unión Soviética, ésta se considera la encarnación de la forma más avanzada y paradigma de la verdadera democracia hacia un futuro, desde la lucha de clases, resolviendo la lucha universal del proletariado frente a la explotación capitalista. Un capitalismo condenado por sí mismo a desaparecer, con el triunfo mundial de su régimen comunista de la sociedad sin clases.

Este planteamiento de superación de la Unión Soviética como sujeto activo de la revolución universal se siente amenazada por la aparición de un sistema político social, cual es el fascismo, implantado en Italia por Mussolini 1922.
El fascismo italiano, radical enemigo de la democracia liberal y parlamentaria, con un carácter nacional y avance social, representaba una autentica revolución, que se oponía como dispar solución, ante la crisis del capitalismo, a la planteada por la internacional revolución comunista.

Tal y como nos señala el profesor Fuello en su trabajo titulado “Franco en la Encrucijada de la Historia”, publicado en 1992, dentro de la obra de la Fundación Nacional Francisco Franco sobre “El Legado de Franco”, “se ha querido olvidar silenciándolo conscientemente que el fascismo y su consecuencia en toda Europa de regímenes autoritarios es una reacción occidental frente al comunismo internacionalista de la Unión Soviética y su prevención de revolución universal”. Este hecho ponía en peligro la dinámica revolucionaria prevista por el marxismo, por lo que la Unión Soviética se vió obligada a indagar una explicación ideológica que trasladar a los partidos comunistas, indagación en la que, inicialmente, el aparato oficial de propaganda comunista cometió graves errores de interpretación.
La primera interpretación, tras el triunfo fascista de Mussolini, en 1922, fue considerarlo contrarevolución de la burguesía para la defensa, en situación límite, de los intereses del capitalismo y no era más que una reacción extremista de la gran burguesía para prolongar su agonía en su fase tardía hacia su desaparición. Sin embargo, surgió la alarma ante ese análisis comunista, el hecho político de que, al fenómeno fascista, de la media alta burguesía, se incorporara “en su base de admisión social una masa importante de extracción proletaria y la baja clase media marxistizada, implicando por lo mismo su irrupción una falla manifiesta de la dinámica revolucionaria prevista por el marxismo”. (Fuello. J, 1992. Pág. 17).

La alarma la presentó la comunista alemana Clara Zetkin que informa al Comité ejecutivo de la Internacional comunista, considerando el fascismo como un nuevo y terrible peligro que tiene ante sí el proletariado en orden a la revolución mundial comunista. Así es como los comunistas entienden el fascismo “con una amplitud tal que, en definitiva, todo lo que no era comunista era, consciente o inconscientemente, “fascista”. (Fueyo, J. 1992, Pág., 20).
El mismo error de valoración lo cometen los soviéticos cuando valoran el nacionalsocialismo alemán como una simple representación de extremistas de derechas y militarismo pangermánico. Precisamente Fernando Claudin uno de los estudiosos de la época, en su obra “La Crisis de Mouvement Comuniste. Du Komintern au kominform” (Maspero, Paris, 1072), prologada por el español Jorge Semprum, señala que el ascenso del nacionalsocialismo, constituye “el mayor desastre de la internacional comunista”..
La internacional comunista (IC) sostenía y defendia el mantenimiento incólume de la visión del devenir histórico preesstablecido por Marks, que no permitia la intromisión de una nueva variante en la estructura política de la lucha de clases, que constituía una pureza y exclusividad de acción del partido comunista, sin contaminación, por colaboración con la social democracia ni otros partidos burgueses. El cambio de este planteamiento se inicia en 1934. cuando el órgano del partido comunista francés “L`Humanitté”, reprodujo un artículo de “Pravda” en el que se afirmaba la admisibilidad de negociaciones con los líderes del partido socialista francés para llevar a cabo la unidad de acción.

Esta nueva perspectiva se oficializa en 1935, en el VII Congreso Internacional Comunista, en el que Stalin da instrucciones para intentar, ante el peligro que el fascismo representa para la URSS y su revolución mundial, la creación de un frente antifascista, con un acuerdo de unidad de acción con los partidos burgueses de izquierdas, para asentar una idea democrático-comunista defensora de la paz, que permitiera la alianza con los países capitalistas. Con este giro copernicano los pactos de unidad de acción entre socialistas y comunistas se sucedieron en cadena, especialmente en Francia y España. “Así se oficializaron los “Frentes Populares” con un sentido lo más amplio posible y con una dirección más o menos abierta del partido comunista, al servicio del imperialismo soviético de la revolución mundial comunista dirigida por la URSS”. (Fueyo, 1992; 86).
2.- La operatividad del frente populismo fue limitado salvo, en Francia y España, por lo que entró en escena la filosofía de la praxis de Antonio Gramsci, que plantea la necesidad de una élite de intelectuales capaces de organizar a las masas puesto que ellas por si mismas no lo pueden hacer. Se considera necesario el apoyo de los intelectuales de la época, para transformar la dialéctica estrictamente negativa del antifascismo, en una ideología integradora de contenido progresista abstracto pero con capacidad de convocatoria dando gran importancia a los medios de la cultura y el arte bajo el signo de la libertad y defensa de la cultura lo cual permitió a lo largo de muchos años enrolar, consciente o inconscientemente, al servicio de la política exterior de Moscú a miles de miembros de la inteligencia occidental.

Aunque a las mentes racionales les supone difícil entender el atractivo intelectual del marxismo, es evidente que la gran y acertada máquina propagandista de la URSS, consiguió poner al desnudo los errores del liberalismo marximalista, que con el dogma del progreso automático y el lucro y la ganancia como objetivo de un capitalismo egoísta y desbocado, fracturó radicalmente la sociedad en explotadores y explotados, con una pobreza en la gran mayoría de estos últimos de difícil justificación. Ante estos errores las democracias occidentales no supieron afrontar esta situación y aparecían a los ojos de los intelectuales como si solo hubiera una alternativa “entre una extrema derecha decidida a usar la fuerza para anonadar la libertad humana y una izquierda que parecía ansiosa de usarla para redimir la humanidad”.
Acaeció pues, que en los años entre las dos grandes guerras (1914 y 1939), tanto en Europa como en América, muchas personas, con una gran sensibilidad y percepción de la época, sintieron que la revolución de 1917, estaba de parte de los trabajadores y de todos los oprimidos, por lo que fueron atraídos por el comunismo. Entre estos dos fratricidas guerras tuvo lugar la guerra de España (1936-1039), que aunque no podemos desarrollar con la amplitud debida, si es necesario concretar algunos aspectos para completar el significado del objetivo que nos hemos propuesto. “La guerra en España fue el lugar de encuentro de los intelectuales revolucionarios en la convergencia de la lucha mundial contra el fascismo y la intervención de la Unión Soviética poniendo en acción su estrategia de gran potencia” (Fueyo J. 1992, 48). La victoria del Frente Popular en las elecciones de 1936, según Togliatti, en su artículo “La Victoria del Frente Popular y el Desarrollo de la Revolución en España” (Bolshevic; 1936), “abre una nueva fase de revolución en España”, en pro de la consecución de “la dictadura del proletariado”, de corte soviético, bajo la dirección del partido comunista. La guerra civil española cobra, para los antifascistas, un extraordinario valor simbólico: defender la república significa defender la democracia y la libertad, por lo que la participación en la guerra de España, con la movilización intelectual en los medios de comunicación y la presencia de las Brigadas Internacionales, representa un momento de fascinación y delirio ideológico, que conquistó a la vanguardia intelectual antifascista sobre el escenario español, transformando una guerra civil en una guerra prácticamente internacional que, por algunos historiadores, la consideran la primera gran batalla de la crisis a escala mundial existirá entre diferentes concepciones y, por tanto, el principio de la segunda guerra mundial.

Ante esta atracción intelectual por el comunismo, ha sido precisa una segunda guerra mundial y el largo periodo de la guerra fría para que las democracias occidentales hayan podido reaccionar y encauzar un neoliberalismo capitalista hacia lo que hoy llamamos estado de bienestar. Pero la lucha hegemónica continúa con perspectivas distintas y, hoy, los neocomunistas y la izquierda radical, sigue atacando el sistema y el actual proceso histórico, desde el bienestar social, de forma que el concepto de antifascismo lo mantienen en vigencia y todos aquellos que no pensamos como ellos somos fascistas. Arma arrojadiza que se usa indiscriminadamente con amplitud y total impunidad.
3.- Cuenta Alfonso Guerra, en su libro de recuerdos, “La Rosa y las Espinas”, (La Esfera de los libros, 2026), que tras la formación de las Nuevas Cortes en 1977, se abrió un proceso constituyente que concluyó con la aprobación de la Constitución de 1978. El borrador de los ponentes fue debatido en la Comisión Constitucional y los artículos se aprobaban, al principio, con el apoyo de la UCD y de Alianza Popular (AP). El resto de los partidos socialistas, comunistas y nacionalistas votaban en contra. Alfonso Guerra recordando las muchas constituciones que entre 1812 y1931 había tenido España, llama a Fernando Abril Martoréll y le dijo que “entre UCD y AP vais a hacer una Constitución para media España, que luego la otra media, si gana las elecciones la van abolir y hacer otra, cayendo en el error histórico fatal. Debemos intentar los dos grandes partidos hacer por consenso la Constitución, llamando a los demás partidos a participar en ese consenso”. Aceptada la fórmula por el presidente Adolfo Suarez, cuando no había consenso durante el día, Fernando Abril y Alfonso Guerra, en sesiones nocturnas trataban de llegar a un consenso. Así se fue haciendo la Constitución. Algunos malévolos opositores dicen que está hecha con nocturnidad, pero lo malo es si algunos la hicieron con alevosía.

El propio Alfonso Guerra confiesa que con el afán de comprometer a los nacionalistas en la construcción del Nuevo Estado, “cedimos en muchas cosas que a la vista de hoy no fueron un acierto…A la vista de lo que ha ocurrido después el Nacionalismo nos engañó, esa es la verdad. Ellos estuvieron muy razonables entonces, asegurándonos que nunca estarían en la autodeterminación ni por la independencia, y hoy están sólo por esa vía. En ese sentido somos responsables, tendríamos que haber sabido lo que iba a ocurrir. Porque ya lo habían hecho en 1931 y 1934”. (pg. 155- 156). La victoria del PSOE en 1982 marcó, según Alfonso Guerra, el fin de la Transición, “porque es el triunfo de un partido derrotado en la guerra… eso supone un cambio fenomenal. Con ello no afirmo que la UCD no fuera democrática, pero era un partido que procedía de la gente de la dictadura, de los que habían ganado la contienda. El PSOE, por el contrario, representaba a los que habían perdido la guerra. Y su llegada al Gobierno representa en sus memorias, final de ciclo desde la dictadura a la democracia” (pag.89).
Todo el proceso de la Transición, que no puedo señalar aquí, y lo dicho por Alfonso Guerra, indica que las cosas no suceden por la espontaneidad de una idea en un determinado momento, si no que, en cualquier proceso responden a una trayectoria que viene de lejos. Nada menos que, en este caso, el viejo Frente Popular, derrotado, vencido y superado durante los cuarenta años del gobierno de Franco y olvidado por las nuevas generaciones, que se han formado en una España transformada profunda y positivamente.

Como advierte Fernando Suarez, en sus memorias, “Testigo Presencial” (Real del Catorce Editores, 2.023), respecto a la campaña electoral de 1977, quien repase la colección de periódicos españoles de la época, entenderá su afirmación de que Franco y su régimen fueron repudiados con la misma virulencia por la izquierda y por el centro y que tantos unos como otros atribuyeran a AP “la falsa especie de que lo quería perpetuar”. Se establece una dialéctica entre antifranquismo y democracia que le lleva a señalar que la “campaña antifranquista, tácitamente tolerada por quienes pensaban que defender los resultados alcanzados bajo el régimen anterior empañaba su condición de verdaderos demócratas…Muchos nuevos dirigentes de la derecha española han cometido el error incalculable de aceptar que para ser demócrata hay que ser antifranquista. Por eso entiendo la animadversión de los enemigos de Franco, pero me resulta inadmisible la ingratitud de grandes sectores de la derecha española, que parecen preferir ser hospiciana a aceptar su indisimulable filiación” (Suarez, F. 2023, pag. 548), máxime cuando señala que si la democracia es posible esta vez, buena parte del mérito lo tienen el Régimen y sus hombres.
4.- La obsesión por el centro político hace al partido UCD y, después, al PP, ambiguo y flexible en materia de principios con el fin de llegar con los adversarios a consensos, muchas veces equivocados. Este afán, así como el antifranquismo, llega de forma clara y patente con Aznar como presidente del PP. El 17 de Junio de 1990, todos los periódicos recogieron en grandes titulares que Aznar acusaba al PSOE de intentar crear un nuevo movimiento nacional. En 1991, en un viaje al Reino Unido, se refirió a los socialistas como los grandes herederos del franquismo y mantuvo que, en términos económicos, la distancia que separa a España de los países comunitarios, es la misma que existía en época de Franco, y calificó la ley de Seguridad Ciudadana de Corcuera, como una ley franquista de orden público. El afán de referirse peyorativamente al franquismo parecía no tener límite.

En las elecciones generales del 3 de Marzo de 1993, se produce la victoria de Aznar y la derrota de Felipe González. Para conseguir la mayoría absoluta fueron notorias las concesiones de Aznar al partido de Jordi Pujol, mediante el pacto del Majestic, así como las concesiones al partido nacionalista vasco, que provocaron el comentario de Arzallus: “Hemos sacado más en catorce días con Aznar que en 13 años con Felipe González”. Así mismo, la continua utilización del calificativo franquista para referirse a las actuaciones del PSOE y su declarada admiración por Azaña, según Alfonso Guerra, afirma la condena del franquismo y la superioridad moral de la República derrotada.
El 18 de Septiembre de 2002, Alfonso Guerra presentó en el Congreso de los Diputados una proposición pidiendo que la España constitucional saldara la deuda material y moral con los exiliados y aprovechó para conseguir, también, una condena de la dictadura franquista. Este momento constituyó una de las grandes ocasiones para dar la batalla ideológica, por parte del Partido Popular, pero no lo hizo y, precisamente en el aniversario de la muerte de Franco, el 20 de Noviembre de 2002, se aprueba la propuesta, con los votos a favor del Partido Popular, cuando tiene mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Así es como esta gran ocasión para la batalla ideológica y moral, no sólo no se aprovecha si no que consagra al Partido Popular como paladín del antifanquismo.
5.- El 17 de Abril de 2004 tomó posesión de la Presidencia del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Como leonés, Fernando Suarez, presidente del jurado que elegía al leonés del año, apoyó que se le otorgara al Presidente del Gobierno y efectivamente así se hizo. Ante el hecho de que se retiró la estatua de Franco que estaba en la Plaza de San Juan de la Cruz, al mismo tiempo que se celebraba una cena homenaje a Santiago Carrillo que acababa de cumplir 90 años, se dijo que el Presidente Zapatero se lo había anunciado como regalo de cumpleaños, Fernando Suarez decidió no ser él, como presidente, el que entregara el titulo de leonés del año. Con ese motivo le escribió una carta al Presidente en la que recuerda que se había quedado en superar las divisiones del pasado, señalando que “sabes también como yo que en España nunca hubo millones de fascistas – salvo que se llame fascistas a cuantos resistieron al comunismo – y que si millones de españoles respaldaron a Franco y a su régimen fue porque, obligados, por las circunstancias históricas, a optar entre dos dictaduras, prefirieron la de Franco a la del proletariado”.

Le recuerda que se puso una estatua de Largo Caballero y no entiende porque se rompe el consenso sacando la estatua de Franco. Termina la larga y argumentada carta señalándole que aceptarás que “ni tus amigos ni los míos, consideraran digno que un ex-ministro del régimen de Franco rindiera homenaje a quien ha resuelto eliminar su estatua treinta años después de su fallecimiento”. ( Suarez F; 2023, pg. 855 y 856).
Considero muy significativa la contestación de Rodríguez Zapatero. “Respeto tus razones y las consideraciones que me efectúas que, naturalmente, debes entender que sólo parcialmente pueda compartir. Pertenezco a otra generación distinta de la tuya, para la que el significado de la guerra civil y el franquismo es muy diferente y, que por ello, no se puede sentir ajena a tanto sufrimiento y tanta injusticia como la que dicho régimen produjo en buena parte de nuestros compatriotas”. (Suarez F; 2023, pg. 856). Con este párrafo queda claro que los nietos se deciden a conseguir lo que su abuelo y padre o no habían conseguido o lo habían superado para el bien de la concordia de los españoles.

Ante la prácticamente inexistente oposición por la derecha española, el gobierno de Rodríguez Zapatero se lanza abiertamente a tratar que quede clara la superioridad moral de la izquierda. Inicialmente en el año 2003 aprobó la ley del año de la Memoria Histórica evocando el 75 aniversario de la segunda república española y el 70 de la guerra civil. En la misma, se insiste, que los republicanos lucharon por la democracia, enalteciendo incluso a Luis Companys que fue condenado por el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República a 30 años de reclusión por el delito de rebelión.
A esta ley, al año siguiente, nuestro Parlamento, con fecha 26 de Diciembre de 2007 aprueba la ley 52 que se conoce como de Memoria Histórica”.

Lo que se desprende de esta ley, desde su exposición de motivos y dentro de su articulado, es el intento de identificar antifranquismo y democracia, con la intención clara de una especie de patente de demócratas para una parte que participa en una determinada ideología, y franquistas antidemocratas, a los que no están de acuerdo con esa ideología, lo que supone la deslegitimación moral y política de una parte del país por medio del control del pasado. Se ofrece una visión profundamente maniquea de los acontecimientos, en que los republicanos aparecen como la encarnación y depositarios de todas las virtudes cívicas, políticas y constitucionales, y por el contrario, los golpistas rebeldes, son la encarnación de todos los males sin ninguna virtud posible. Identificar antifranquismo y democracia significa una gravísima manipulación histórica, porque como señala el profesor de Historia de las Ideas de la UNED, Pedro González Cuevas “los socialistas revolucionarios, los comunistas y los anarquistas – los mismo que los aliados internacionales- no combatían en defensa de la legitimidad republicana, si no por la concepción de un sistema social y político antidemocrático y colectivista”, esa, precisamente es la razón por la que insignes liberales y demócratas como Ortega, Lerroux, Menéndez Pidal, García Morente, Marañón, Cambó, etc, apoyaron a Franco. Con su utilización de la memoria histórica la izquierda ha renunciado al principio de la reconciliación nacional, para pasar a una beligerante campaña a favor de los vencidos en la guerra civil española, cuyo objetivo último es la deslegitimación histórica y política de la derecha.
Esta ley se aprobó en el Parlamento con los votos en contra del Partido Popular (PP), el cual se opuso al proyecto porque el gobierno impone “su memoria oficial – como hizo Franco”, y tira por la borda “el trabajo del PSOE sobre la transición”, según el entonces portavoz del PP, Zaplana, encargado de defender la oposición al texto. Es decir, la ley es rechazable porque el gobierno es lo mismo que hizo Franco, sin consideración de fondo de otro tipo, con lo cual, quiere decir, que se condena y rechaza lo que hizo Franco. Esta ocasión ha sido también ignorada y desperdiciada por parte del Partido Popular, para la defensa ideológica y de valores fundamentales, porque como Asensio Rodríguez, del PP, que también intervino en esa defensa, dijo “hablar en nombre de un grupo político que no tiene más pasado ni más herencia que la Transición y la democracia”.
6.- Las elecciones el 20 de Noviembre de 2011, resultaron favorables al PP, que obtuvo 186 escaños, frente a los 110 del Partido Socialista, como consecuencia y con una mayoría absoluta holgada, el 19 de Diciembre fue investido Presidente del Gobierno Mariano Rajoy.

En referencia al objetivo de la pugna sobre la ideología y defensa de los valores, ante la situación creada por el presidente anterior, no es pertinente desarrollar su amplia trayectoria de su mandato y los importantes acontecimientos que en ella ocurrieron. Constituyó un remanso de cierta estabilidad y esperanza, pero al mismo tiempo de decepción porque, con su amplia mayoría, no derogó la Ley de Memoria Histórica, y con su desinterés por la lucha ideológica, consolidó toda la legislación ideológica de Zapatero. En definitiva, la propensión de Rajoy de reducir a la economía los problemas políticos de España, incumpliendo sus promesas electorales, abandonando los principios y valores en una actitud acrítica, con una permanente serie de indecisiones que no tienen explicación, hicieron de su mandato, un decepcionante periodo en defensa y la batalla ideológica que se había impuesto desde la izquierda.
La desilusión fue creciendo y culminaría en el ignominioso final, en el que en una moción de censura, con una manifiesta apatía de Rajoy, consiguió que, sin elecciones, llegara al poder Pedro Sánchez Pérez–Castejón.

Fue un cambio histórico en el que hubo de todo: La evidente indolencia del presidente Rajoy para definirse por alguna de las soluciones positivas para su gobierno y partido, el voto con el partido socialista de todos los enemigos de la unidad de España, comunistas, neocomunistas, partidos nacionalistas y la evidente traición del Partido Nacionalista Vasco. Con todo este conglomerado se le entregó el poder a Pedro Sánchez, que continuando el camino emprendido por Rodríguez Zapatero, reconstruyendo un Frente Popular que nos está gobernando hasta hoy, con los impensables resultados negativos que, para la dignidad de España y los españoles, sufrimos, tratando de consolidar e imponer el relato de la superioridad moral de la izquierda atea y materialista. Convocadas elecciones generales, piensa continuar como resultado de las mismas, gracias al Frente Popular que ahora quiere llamarse Frente Amplio.
Con nuestra esperanza cristiana, somos conscientes que no se puede alcanzar una sociedad perfecta, ni obtener paraísos terrenales, como defienden ciertas ideologías materialistas, pero sí es posible ir mejorando y superando los obstáculos y problemas que dificultan el desarrollo personal y una aceptable convivencia social.

Por ello defendemos a las personas como seres creados, “portadores de valores eternos, cuales son la dignidad, la integridad y la libertad”, que consideramos prepóliticos y permanentes, que dentro de devenir de la historia, pueden ser defendidos y establecidos universalmente de variadas maneras, de acuerdo con las diversas situaciones y circunstancias que se vayan presentando.
En la soterrada lucha hegemónica entre el materialismomarxista y el egoísta liberalismo de una parte, y el trascendentalismo cristiano que busca la verdad, en pro de la dignidad y libertad de las persona, mantenemos la esperanza de que Dios abra las mentes de los españoles para una convivencia pacífica y civilizada en nuestra Patria.



