Elogio de la sencillez
LUIS BUCETA FACORRO
El español universal Enrique Rojas, catedrático de psiquiatría y director del instituto Rojas-Estapé, acaba de publicar en ABC (25-7-2026), una Tercera titulada “Elogio de la Sencillez”, que como todas las suyas merece ser glosada. Lo primero que presenta es la distinción entre dos palabras cercanas: simple y sencillo. “Simple es una persona que despacha un tema importante en dos pinceladas, sin matizar y sin cierto análisis serio y se queda tan tranquila”. En definitiva cuando decimos que una persona es simple, lo consideramos coloquialmente, con un cierto desprecio como “falto de razón y de saber, corto, plano, de pocas luces, con un discurso pobre donde no hay matices”.

Por el contrario, la sencillez consiste “en el arte de reducir lo complejo a lo elemental”, considerando que lo elemental es lo indivisible, lo que es fácil de hacer o comprender, aquello que no tiene artificio ni ostentación, que expresa ese concepto como lo que realmente es. Sencillez es llaneza sin doblez. Se puede considerar como “el más ligero de los valores, es transparencia, nitidez, ausencia de artificio”. Desde el punto de vista de la personalidad, “la sencillez es lo que uno es, naturalidad y espontaneidad”, implica no aparentar más de lo que uno es. Los sencillos “son personas fáciles para la convivencia, para amar, para entender lo que está pasando y dar respuestas certeras y cabales que se ajustan a la realidad”. Capacidad para analizar los hechos o acontecimientos con mirada certera, aguda, precisa que sabiendo la complejidad de todo busca el núcleo principal, lo sustancial, lo irreducible. En la forma de pensar, “la sencillez es sabiduría interior… libertad, ligereza, luminosidad”. Ello hace que no seamos víctimas ni prisioneros de nuestras ideas, aspirando a la paz, la serenidad.

La sencillez de cabeza implica tener una jerarquía de valores clara y actuar en consecuencia. Estar y vivir la realidad, tener los pies en la tierra, para lo cual, el profesor Rojas, nos advierte que es bueno y conveniente echar mano de la prudencia, recordándonos que los escolásticos la consideraban la cochera donde se guardaba la justicia, la fortaleza y la templanza.
La sencillez se aprende, y es un aprendizaje poco a poco, es como una tarea de orfebrería hacía la realidad, en una atmósfera de sosiego, paz y alegría que penetra en la persona y conduce a una conducta con un estado de ánimo positivo. “Es la vida ajedrezada de argumentos sólidos, fuertes, consistentes, rocosos”.
Inicialmente, se puede considerar como la virtud de los niños, por sus preguntas desnudas y directas sobre la vida. En este sentido la sencillez implica inteligencia, en tanto en cuanto ésta es la capacidad de síntesis, saber distinguir lo accesorio de lo fundamental, “el arte de reducir lo complejo a lo sencillo”. La sencillez es lo contrario de buscar aparentar, es prever ver de lejos adelantarse con humildad.

El profesor Rojas nos señala que los psicólogos y psiquiatras respecto a los denominados trastornos de personalidad, consideran uno de los rasgos más evidentes “complicarse mentalmente por dentro: pensamientos negativos, intensos, retorcidos, enroscados, con visiones pesimistas del futuro y una tendencia a adelantarse en negativo… como una especie de anticipación de lo peor. Es la ansiedad por desasosiego”. Por lo que él llama el síndrome por exceso de información en el mundo interior de las personas complicadas, hay una multitud de pensamientos que no están bien ordenados y producen miedos, temores, ansiedad, que se presentan como una amenaza que nuestro cerebro fabrica. Por eso es necesario aprender a gobernar nuestro escenario mental, definiendo si esos temores tienen fundamento y cuáles son sus raíces y si se ajustan a nuestra vida real, utilizando mensajes cognitivos positivos, elaborando frases breves y concretas que sean útiles para esas personas en concreto, repitiéndolas y diciéndoselas a su cerebro. Ello exige voluntad que según nuestro profesor es la joya de la conducta. En definitiva, “la sencillez es la virtud de la madurez”. Personalmente creo que la madurez y la sabiduría es la que ha alcanzado nuestro profesor Enrique Rojas.



