El Palacio del Infante don Luis y el deber de conservar un legado
- apeveeditor
- hace 1 día
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JAVIER NICOLÁS
Concejal de Patrimonio Histórico, Turismo y Proximidad en Urbanizaciones y Nuevos Desarrollos del Ayuntamiento de Boadilla del Monte
Hace unos días tuve el privilegio de participar en una tertulia organizada por la Asociación de Periodistas y Escritores Veteranos de España (APEVE), donde fui invitado a impartir una conferencia sobre la historia del Palacio del Infante don Luis de Boadilla del Monte. Y vaya por delante, mi agradecimiento al Presidente D. Francisco Cerro por su invitación y a todos los miembros de la asociación que me hicieron sentir esa tarde uno más de ellos.

Confieso que acudía con un enorme respeto. Frente a mí tenía a un auditorio formado por periodistas, escritores y profesionales de una extraordinaria trayectoria profesional e intelectual, personas acostumbradas a escuchar, analizar y preguntar con criterio.
Comencé mi intervención haciendo una pequeña confesión. Les dije que acudía con dos objetivos muy claros. El primero, acercarles la historia del Palacio del Infante don Luis y ayudarles a descubrir un patrimonio que, pese a su enorme valor histórico y artístico, sigue siendo desconocido para muchas personas. El segundo objetivo era mucho más difícil: conseguir que no se aburrieran.
Mi intención nunca fue ofrecer una sucesión de fechas o de datos históricos. Quise contar la vida del Palacio como quien cuenta la vida de una persona: su nacimiento con el Infante don Luis, su esplendor como uno de los grandes centros culturales de la España ilustrada, los años difíciles de la Guerra Civil, su recuperación y, finalmente, su renacimiento como uno de los grandes referentes patrimoniales de la Comunidad de Madrid.

A medida que avanzaba la charla comprobé que el interés iba mucho más allá de la historia. Surgieron numerosas preguntas sobre el presente y el futuro del Palacio. Los asistentes querían conocer cuál es el proyecto del Ayuntamiento de Boadilla del Monte, qué papel puede desempeñar el turismo cultural y cuáles son las iniciativas previstas para seguir consolidando este espacio como un referente abierto a todos.
La velada dejó momentos muy interesantes, incluso para recordar la figura del presidente de APEVE. Francisco Cerro, Paco, como así le conocemos todos, fue alcalde de Boadilla del Monte en 1975. Al preparar la conferencia encontré varias referencias de aquella época que demostraban por entrevistas realizadas en la época que ya existía entonces una auténtica preocupación por el futuro del Palacio y por la protección del patrimonio histórico del municipio. Me pareció justo reconocer públicamente aquella sensibilidad. Porque la recuperación de un monumento nunca empieza el día en que se inicia una restauración; comienza mucho antes, sobre todo cuando se toma conciencia de que ese patrimonio merece ser conservado y restaurado para las generaciones futuras.
También tuve ocasión de compartir con los asistentes uno de los proyectos más ilusionantes que afrontamos desde el Ayuntamiento. El próximo año celebraremos el 300 aniversario del nacimiento del Infante don Luis de Borbón y estamos preparando una amplia programación cultural para conmemorar una efeméride de enorme relevancia. Será una magnífica oportunidad para acercar su figura a quienes aún la desconocen y para seguir situando a Boadilla del Monte como un destino de referencia dentro del turismo histórico y cultural.
Si algo me llevé de aquella tarde fue la confirmación de que el patrimonio sigue despertando curiosidad cuando se cuenta de forma cercana. La historia deja de ser una relación de acontecimientos para convertirse en algo especial. Y eso fue exactamente lo que ocurrió durante la tertulia: una conversación sobre un Palacio, sí, pero también una lluvia de ideas, de propuestas y sobre todo la importancia de conservar nuestra memoria colectiva y de transmitirla a las generaciones futuras.

Al terminar la conferencia quedé satisfecho de haber cumplido mi propósito. Sin embargo, más allá de esa satisfacción personal, me quedo con la sensación de haber cumplido aquellos dos objetivos con los que inicié mi intervención. El primero era relativamente sencillo ante un auditorio de personas con una enorme inquietud cultural y un profundo interés por la historia. El segundo era bastante más complicado. Mantener la atención de un público tan exigente no es tarea fácil. Pero las preguntas, el coloquio posterior y la magnífica acogida que recibió la conferencia me hicieron pensar que, afortunadamente, también ese segundo objetivo había sido alcanzado.
Porque, al fin y al cabo, la historia solo se recuerda cuando consigue despertar emoción en quien la escucha. Y esa tarde tuve la fortuna de comprobar que el Palacio del Infante don Luis, dos siglos y medio después de su construcción, sigue teniendo mucho que contar y mucho por lo que emocionar.



