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La Noche de Reyes

  • apeveeditor
  • 8 ene
  • 2 Min. de lectura

ANA FRAILE


Ana Fraile
Ana Fraile

Desde que era una niña he amado esta festividad, para mí, la mas bonita de todo el periodo navideño. Nunca he sido de Papá Noel ni de árbol, soy de belén y Reyes Magos. Tal vez sea porque tengo tan vivas en mi memoria las Navidades de mi infancia que no me han permitido soltar cable, sigo anclada a los sentimientos de felicidad, expectación, ilusión y amor que me producía la llegada de esta noche, creo que ese retazo de infancia sigue habitando en mi y me hace seguir viviendo este día con los ojos de la niña que un día fui y que , orgullosamente, aún sigo siendo.

Mi casa no era opulenta, el dinero era el justo y necesario, pero el amor y la magia que emanaba de los sentimientos de mis padres, preparando nuestros escasos aunque maravillosos regalos, los coronaban como los Reyes Magos absolutos e indiscutibles de mi corazón. Se que no comíamos roscón ¿que era eso? ni falta que hacía, se que nos llevaban a ver la cabalgata y los belenes que se ponían en los hospitales y demás edificios destacados del Madrid de aquella época, que nos llevaban a la Plaza Mayor a ver los puestos y que nos compraban una zambomba ( que nunca sabíamos tocar y nos duraba dos asaltos) y una pandereta, que tocábamos con deleite cantándo villancicos delante del Belén, mientras mi madre adelantaba, con paso de buey,a los Reyes Magos hasta el Portal (que lentos pasaban los días) .

Cuando llegaba la noche del día 5 era incapaz de cenar, sólo miraba con ojos como platos esos Reyes Magos (de fino plástico oriental) postrados ante el Niño, ese Niño Dios que ese día eramos todos, con ojos de cristal y expresión estática esperando las ofrendas de los Reyes-Padres. Recuerdo ver a mi madre llorar de emoción mientras descubríamos nuestros tesoros que ,no siempre sino mas bien nunca, coincidían con los deseados en nuestra carta a los Reyes, pero eso era lo de menos; eran juguetes y estuches o plumieres con rotuladores y pinturas y libros de la editorial Bruguera, y los Juegos reunidos Geyper y el Monopoly, y un Parchís con su Oca... y una ilusión tan grande como el universo.


La adoración de los Magos (Rubens)
La adoración de los Magos (Rubens)

La misma ilusión que la magia de la generosidad sigue produciendo en mí y que tengo esta noche, que he tenido desde entonces y que espero seguir teniendo el tiempo que viva. Sigo teniendo Reyes Magos que me regalan, aunque desgraciadamente falten los mas amados para mi, ahora yo también me he convertido en Reina Maga, ahora sé porque en noches como esta los Reyes Magos lloran de emoción: dar es amar y crear ilusión.

 
 
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