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El magistral talento que convierte la música en sentimiento

  • apeveeditor
  • 8 feb
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 8 feb

El Auditorio Nacional se rinde ante el maestro Ramón Torrelledó con su interpretación de Falla, Gershwin y Tchaikovsky.


JAVIER ALGARRA


La maestría y la excelencia son dones que Dios reserva para aquellas personas que son capaces de moldearlas para, así, dotarlas de un mayor significado. Como en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30), no basta con conservar lo que nos fue confiado, sino en hacerlo crecer y magnificarlo. Y eso es lo que hace el maestro Ramón Torrelledó.


Ramón Torrelledó
Ramón Torrelledó

Rescatando partituras de los más grandes compositores de la historia, hoy lo ha vuelto a demostrar, para ofrecernos su particular interpretación de esas obras maestras.

Con la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional llena hasta la bandera, nos ha presentado un repertorio arriesgado, en el que los muy diferentes estilos de Manuel de Falla, George Gershwin y Tchaikovsky se amalgamaban en un único sentimiento: el de la pasión a partir de las raíces.

"El Amor Brujo", de Manuel de Falla, ha sido el preludio de una matiné inolvidable. La pasión de una gitana como Pastora Imperio, atormentada por el espectro del difunto José, que le impide amar a otro hombre, nos ha sumergido en brujería y sortilegios. La mejor voz de la lírica española actual, la de la soprano María Rodríguez, nos ha robado el alma para quemarla en la hoguera del fuego purificador.

Con su técnica incontestable pero, sobre todo, con su presencia, capaz de llenar el escenario; con esa voz, nacida para subyugar; y con su temperamento, que nos envuelve en la lujuria de la danza ritual del fuego, que nos sobrecoge en la danza del terror, que nos seduce en los sortilegios de medianoche y que nos hacer arder en la danza del juego del amor, nos transporta a los cánticos en torno a la hoguera de los gitanos.


Clamorosa ovación para María Rodríguez, por su Candela de "El Amor Brujo"

Noche de encantamientos, conjuros , recitaciones misteriosas y danzas rituales , que nos llevan a un amanecer en el que las campanas proclaman en la aurora el triunfo exaltado del amor. Solo una gran Dama de la escena, como María Rodríguez, es capaz de transmitirnos el sentimiento que Falla escribió y que Torrelledó convierte en fuego fatuo que inflama a un auditorio ya entregado desde los primeros compases. La Diva, con su vestido negro, su capa encarnada del color de la sangre y su negra melena al viento, recibe una ovación a la que solo una Diosa puede aspirar.


Leonel Morales
Leonel Morales

No hay tiempo para el respiro. Un gran piano de cola aparece en escena. El maestro Torrelledó, con ese tono didáctico que le otorga su larga experiencia en programas divulgativos de radio y televisión, explica al auditorio la inspiración que George Gershwin tuvo para trasladar el sonido del traqueteo de un tren a la música sinfónica.

El pianista hispano-cubano Leonel Morales se sienta ante el teclado para interpretar "Rhapsody in Blue". Uno de los maullidos más famosos de la historia de la música se arranca desde el clarinete para encontrar en el piano una melodía que embriaga a los presentes.

Los aplausos del auditorio son solo la bienvenida a una segunda pieza, "Summertime", que Gershwin concibió como aria para la ópera "Porgy & Bess" y, tras los primeros compases, una voz aterciopelada, que surge del fondo de la platea nos sorprende a todos.

Es la bella soprano Estíbaliz Martyn que, con su habitual elegancia en la escena, avanza desde el fondo de la sala para impregnar de magia el espectáculo. Su grácil figura, enfundada en un vestido de seda azul, es incapaz de empañar el atractivo de su voz que, nacida para seducir, embriaga a los presentes.

Pero todavía quedaban emociones por experimentar. Tras la pausa, la segunda parte del concierto se iniciaba con una nueva interpretación de Estíbaliz Martyn. En la escena de la Carta de Eugene Oneguin, se trasforma en una Tatiana inflamada de amor por Eugenio, y consigue arrancar de los espectadores una apoteósica ovación que todavía resuena entre los muros del Auditorio.

Pero todavía faltaba el colofón a una mañana inolvidable. El maestro Torrelledó, consciente de que el cierre debía estar a la altura de las expectativas generadas, nos ofrece la "Obertura 1812", obra cumbre de Tchaikovsky, que convierte los compases de La Marsellesa en la amenaza de las tropas napoleónicas al pueblo ruso, que alza en coros su plegaria ante el ataque.

Pocas obras son capaces, como ésta, de dibujar con notas musicales el escenario de una batalla. Fue en Borodino, junto al río Moscova, a 120 kilómetros al Oeste de Moscú, donde los rusos esperaron, atrincherados y fortificados, el ataque de la Grande Armée de Napoleón Bonaparte. Sus plegarias encontraron respuesta y, aunque se contaron por miles las bajas y se vieron obligados a replegarse a San Petersburgo, permitiendo el avance de los franceses hasta Moscú, éstos tuvieron que abandonar la campaña, vencidos por la falta de suministros ante el crudo invierno.


Inolvidable ovación al maestro Ramón Torrelledó en un apasionante concierto en el Auditorio Nacional

Solo un virtuoso como Ramón Torrelledó es capaz de convertir una gris y lluviosa mañana de sábado en una comunión para los sentidos, en una catarsis en la que todos los presentes se ven transportados a la magia sinfónica de los sentimientos. Con las notas al piano de Leonel Morales, el embrujo escénico de María Rodríguez y la seducción de la voz de Estíbaliz Martyn, los cielos de Madrid se abrieron para derramar sobre nosotros la luz de un día que se ha instalado ya en el cajón de nuestros recuerdos.


Ramón Torrelledó y María Rodríguez con Javier Algarra en Onda Madrid
Ramón Torrelledó y María Rodríguez con Javier Algarra en Onda Madrid

RAMÓN TORRELLEDÓ Y MARÍA RODRÍGUEZ NOS HABLAN DE ESTE CONCIERTO EN ENTREVISTA EN ONDA MADRID CON JAVIER ALGARRA.


SI QUIERES ESCUCHAR AHORA LA ENTREVISTA, PULSA EN EL SIGUIENTE ENLACE:






 
 
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